La taza rota

Cada mañana discutían por la taza.

Él decía que era azul. Ella juraba que era verde.

Durante años, aquel pequeño objeto fue una frontera doméstica, una guerra mínima servida con café.

Un día, la taza cayó al suelo y se rompió.

Al recoger los pedazos, descubrieron que por fuera era azul y por dentro verde.

Desde entonces, discutieron menos.

No porque pensaran igual, sino porque habían aprendido que a veces la verdad depende del lado desde el que se mira.