La puerta interior

El anciano llevaba años buscando a Dios en montañas, templos, desiertos y libros antiguos.

Una noche, agotado, dejó de buscar.

Se sentó en silencio, cerró los ojos y escuchó su respiración como quien oye por primera vez el rumor del mundo.

Entonces comprendió que no había puerta que cruzar, ni distancia que recorrer, ni secreto escondido en otra parte.

Todo lo que perseguía estaba allí, inmóvil, esperándolo desde antes de su deseo.

Al abrir los ojos, la habitación seguía igual.

Pero ya no era la misma.