El último abrigo

Cada invierno, el anciano llegaba a casa con menos ropa.

Primero desaparecieron los guantes. Después, la bufanda. Finalmente, el abrigo.

Su hija le reprochaba que fuera tan descuidado.

Él sonreía y cambiaba de conversación.

Cuando murió, encontraron en su bolsillo una pequeña libreta con nombres y direcciones.

Junto a cada nombre había anotado una prenda y una fecha.

En la última página solo había una frase:

«Nunca he pasado tanto frío ni me he sentido tan abrigado».