La última visita

Durante treinta años, el hijo se negó a perdonar a su padre.

Cuando supo que estaba muriendo, acudió al hospital.

El anciano abrió los ojos y susurró:

—Perdóname.

El hijo guardó silencio.

Al salir, una enfermera le entregó un sobre. Dentro había una carta escrita hacía veinte años. Solo contenía una frase:

«No espero que me perdones. Solo deseo que algún día puedas vivir sin odiarme».

Por primera vez, el hijo lloró.

No porque hubiera perdido a su padre, sino porque había tardado toda una vida en recuperar al hijo que fue.