El frío que dejó la ausencia

El frío no entró por la ventana.

Estaba ya dentro de la casa, sentado en la silla donde antes se dejaba el abrigo, durmiendo en los vasos, pegado a los marcos de las fotos. No era invierno: era ausencia.

Ella volvió tarde, encendió la luz y comprendió que hay temperaturas que no bajan del cielo, sino de ciertas despedidas.

Se acercó al radiador, lo tocó por costumbre, y sonrió con tristeza: por primera vez, el metal no era lo más helado del cuarto.